9 ago. 2012

Tinta sobre papel (Cuento, 2010)

El sol brillaba con fuerza en lo alto del cielo. Sus rayos se filtraban entre las hojas de los árboles centenarios, dando al bosque tonalidades doradas.
Mis compañeros de clase decidieron descansar bajo la sombra de los castaños. Sus ramas aún conservaban diminutas gotas de agua del rocío.
El aire era frío y los pájaros piaban sin cesar. Se oía en la lejanía el rumor de un pequeño riachuelo que saltaba entre las piedras y las hojas que resbalaban perezosas por todo el bosque. Me quedé observándolas.
Un escalofrío me recorrió la espalda. Había una extraña quietud en aquel santuario de paz que me perturbó. No era del todo normal. Se podían escuchar incluso las pisadas de mis compañeros sobre el mullido suelo. Cerré un momento los ojos. Entonces oí una respiración agitada a mi alrededor.
Me reuní rápidamente con el resto y me coloqué en medio del grupo. Tenía la esperanza de que sus conversaciones banales me calmaran. Pero me llegaban lejanas, distantes, incluso las explicaciones del profesor eran débiles. Sólo oía la respiración.
Levanté la vista y pensé con frialdad. Era sólo una sensación. Nada podía pasarme rodeada de amigos a plena luz del día.
Se me cayó la bolsa de castañas que había empezado a llenar y entonces lo vi.
Una extraña sombra se movía entre los árboles. Cuando pasó por delante del profesor se desvaneció como el humo.
Un sudor frío bajó por mi espalda. No grité, no me moví, simplemente me quedé paralizada mirando el lugar en el que había desaparecido. Entonces noté cómo alguien se acercaba a mí.
-Eh, ¿estás bien? Te veo pálida.
No contesté. Cerré los ojos de nuevo y me senté sobre las mullidas hojas.
-¿Estás enferma? ¿Te encuentras mal?
Enfermedad…tal vez era eso lo que me devoraba por dentro y me hacía tener aquellas visiones.
Oí como mi compañero llamaba al profesor y este vino corriendo. Me puso su mano sobre la frente. Una mano fría, muy pálida, poco…humana.
Me levantó. Me temblaban las piernas de miedo. Lo miré asustada y comprobé que sus ojos, antes azules, ahora eran completamente negros como el azabache.
Quise zafarme pero algo me lo impidió. Una pesadez invadió mi cuerpo y mis músculos no respondieron. Por unos instantes se me olvidó lo que ocurría realmente. ¿Dónde estaba? ¿Era todo aquello real? ¿En qué momento de mi vida me encontraba?
Mi angustia creció por momentos. Me llevé la mano a la cabeza. O al menos lo intenté.
Sentí como caí en el agua y me hundía en ella. Vi como la sombra salía del profesor y me siguió a las profundidades. Percibí como entraba en mi ser. Era fría. Me nubló la vista y me desmayé.
Pero noté entonces como una mano tanteaba en el agua. Me agarró de la camisa y tiró de mí. Caí en la superficie de un charco de barro. Me sentía sucia, mojada…y demasiado diferente.
Varios estudiantes se acercaban mientras yo intentaba descubrir cómo había llegado hasta ese riachuelo. ¿No había oído su ruido como lejano? No entendía nada.
-¡Esa cosa es tuya!-exclamó uno de mis compañeros sacando su móvil.
-¿Q-qué?-balbuceé aturdida.
El profesor miró a su alrededor extrañado, seguramente preguntándose cómo había llegado hasta allí.
-¡Posee a las personas con su sombra! ¡Es bruja!
-No estamos en la Edad Media, no existen las brujas- contestó el profesor sin saber de lo que hablaba realmente.
Con esa conversación se entremezclaba una voz que me instaba a irme de allí. Me elevé unos palmos del suelo. Los alumnos me miraron aterrados mientras llamaban a la policía. Entonces volé.
Sobrevolé el bosque aterrada, observando las gotas del rocío. Subí hasta las nubes, acaricié su textura etérea y escuché el gemir del viento. Pero también oí gritos y sirenas de policía.
Los cuerpos de seguridad habían llegado al bosque y observaban el cielo. Atisbaron mis ropajes negros y con sus calculadoras miradas reflexionaron sobre a dónde podía ir para esconderme.
Me deslicé sobre gélidas corrientes de aire y me dirigí hacia el hotel de mi tío.
Minutos más tarde ya estaba allí. Me mezclé entre las limpiadoras y me puse una de las impecables batas blancas. Caminé durante horas por los largos pasillos, interminables, sobresaltándome con cada sombra, con cada persona.
Mis pesadillas se volvían realidad. La misteriosa sombra habitaba ahora en mí y me había dado el poder de volar.
Me atemorizó un gato que encontré a mi paso. Lo observé y decidí acariciarlo. Ronroneó de una forma extraña. Levantó la cabeza y me miró con sus ojos…rojos.
Un maullido estremecedor salió de su garganta y a los poco segundos dos policías aparecieron a cada extremo del pasillo, cortándome el paso. Comprendí entonces que el gato no era un gato. Era un robot.
Los dos hombres me apuntaron con sus pistolas y me mandaron rendirme.
-¡Soy yo, la misma de siempre!-exclamé.
-No nos mientas. Podemos ver tus ojos.
-¿Mis ojos?
A mi izquierda había un espejo. Mi imagen se reflejó en él. El pelo castaño alborotado, la tez pálida y mis ojos verdes… negros como la más oscura noche.

-¡No!
Me incorporé en la cama y me volví a tumbar rápidamente, mirando las sombras de mi alrededor, temiendo un ataque. El sudor bajaba por mi frente y había empapado mi pijama.
Respiré profundamente y reuní el valor necesario para acercarme a la mesa de estudio para encender la luz. Las sombras se desvanecieron.
Mis ojos se acostumbraron rápidamente a la nueva claridad y registraron mi habitación. Ninguna sombra moviéndose, ningún policía armado.
Agarré mi bolígrafo y escribí con fervor durante un buen rato. Algo más tarde, mi sueño estaba impreso en el folio. Negro sobre blanco. Tinta sobre papel.
Lo leí para disipar mis miedos, pero otro más racional se apoderó de mi alma. En mi pesadilla, mis amigos me traicionaban llamando a la policía.
Esa noche descubrí mi verdadero temor. La traición me aterrorizaba. Una puñalada de alguien de confianza.
Cogí el diccionario y busqué una palabra.
Amistad tenía un significado hermoso. Demasiado subestimado hoy en día.
Esa madrugada me prometí a mi misma distinguir a los buenos amigos de los falsos, para que mis pesadillas no me volvieran a atormentar.


3 comentarios:

  1. Sinceramente, se supone que debo escribir una crítica constructiva acerca de los escritos anteriormente leídos. Aunque... Las críticas no son mi fuerte y para mí no hay nada criticable, sólo aspectos destacables tales como la fragilidad, la admiración, el amor, la magia y la pasión por lo que hace, por la escritura, por las palabras.
    A mí, en lo particular ambos escritos me encantan... Y alguno más que he leído, también.
    (A quienes lean esto, aprovechad a leerlo ahora que es gratis, antes de que brille cual estrella en el mundo de la escritura y nos cobren 20€ por libro. Es un consejo. )
    En fin, no llega ni a crítica pero sí a comentario. ¡A seguir escribiendo!

    Aquí ya tienes a una seguidora/admiradora/sinónimo que desees aplicar a mi persona.

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    1. Tú practica en las críticas, que se te quedan en alabanzas. Ya subiré otros escritos peores, así te lo pondré fácil. Necesito saber en lo que fallo. Todos ya me dicen en lo que acierto jajaja.

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  2. Practicaré. Sólo un comentario: No son alabanzas. Son realidades.

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