12 feb. 2014

Echad a Cupido y San Valentín de aquí (opinión)

NOTITA MALÉFICA: Si me quieres tildar de antirromántica empedernida o escritora de corazón de hielo por el título, te invito a leer lo que publiqué bajo el nombre de «Romance platónico veraniego fallido en tres movimientos» que encontrarás en la columna derecha de entradas más populares. De nada.
NOTITA MALÉFICA DOS: Una de mis frases preferidas: «Cupido es idiota y demasiado se equivoca».
NOTITA ACLARATORIA: No estoy en contra de la festividad por ser comercial o consumista, ni extranjera ni empalagosa ni… nada de eso. Tampoco me opongo literalmente a ella. No te voy a perseguir con mi bate de béisbol (¿o sí?) ni voy a dejar de hablarte. Te ofrezco mi visión y conversamos como personas adultas (no es culpa mía que los humanos, y los adultos, se muestre tan idiotas a veces. Toma la frase en el mejor sentido posible).
Desde el 31 del mes pasado, si no me equivoco, «mi» ciudad se ha llenado de corazones y cartelitos con los eslóganes más empalagosos posibles. Entre ellos, una tienda en la que ponía «Oviedo in love». Hasta aquí tengo que señalar cuatro cosas:
1. Bonita figura literaria que personifica una ciudad y nos hace creer que puede amar.
2. El inglés es una lengua que, desafortunadamente, muchas generaciones españolas no conocen (si no te lo crees, ahí tienes a Ana Botella o Emilio Botón), por lo que el gancho del eslogan deja fuera a gran parte de la población.
3. ¿No empezáis un poco pronto para una fecha que pasa tan rápido y que ni tan siquiera es festiva en el calendario laboral?
4. Me hizo descubrir que es una fiesta anglosajona. Preparo el bate para todos los que no me dejan celebrar Halloween, o se meten con Santa Claus, pero me permiten festejar San Valentín. Voy a afilarlo.
No me molesta que los comercios se preparen (vale, sí, pero lo acepto) porque entiendo que esa fiesta es una fuente de ingresos que les ayudará a salvar el mes. Pero, rayos, conmigo se deben de desesperar. No compro flores ni corazoncitos. Sigo con lo mío, libros, revistas, cuadernos, películas, bolígrafos, peluches, banderas. Compras de siempre. Y los mejores regalos que he recibido no tienen nada que ver con los que se venden estas fechas en forma de corazón: han sido libros, peluches pequeños, cartas, notas, dibujos. Así que no busco nada especial porque esa fecha para mí no es especial. Arrastra una especie de leyenda negra desde hace demasiado tiempo. Para mí.
En mi etapa de «soy gótica y quiero demostrarlo» la gente creía que odiaba San Valentín por ese motivo (y a Cupido, que representado siempre en el arte como un niño con obesidad mórbida y alas es un poco…molesto). Que como me gustaban las calaveras debía arrastrar mi alma y comparecerme de mí misma a un nivel becqueriano inalcanzable para el resto de los mortales. Que debía llorar en las esquinas y hacerme la víctima, o algo por el estilo. Pero en realidad me gustaba ser feliz, y fue una etapa de descubrimientos realmente interesante y agradable. Muy luminosa, aunque no lo creas.
En esa época en mi instituto celebraban San Valentín vendiendo rosas y cartas para enviar a quien quisieras. Y, claro, aquello me sentaba como una patada en el estómago. No estaba en contra del amor (¿acaso se puede estar en contra de eso?) sino del dolor (que sentía en el pecho). Así que supongo que me paseaba malhumorada. ¿Y sabes qué?
Los profesores crearon un «rincón del desamor» y me dieron a entender que ya tenía mi «lugar». Claro, yo entendía «desamor» como algo después del amor, no como el que anda falto de amor. Así que pasé del tema. No, tampoco estaba enfocado para buscar pareja, sino «todo es mierda». Eso dolía más aún que aguantar corazoncitos rosas y parejas empalagosas.
Bueno, lo mío era el vacío, la nada, o los inalcanzables, o echar de menos a gente que no sabía nada y aún no había aparecido, que seguía con su vida perdiendo ilusiones mientras yo aguardaba. Era desamor, claro. Muy becqueriano. Lo que intentaba ocultar mucho y se me seguía notando. Creí que… no sé lo que creí. Que el mundo se acaba cuando esperas demasiado, que la vida termina aunque no hayas vivido, que puedes perder la ilusión sin haber sufrido, que puedes perder la esperanza sin haber dado una oportunidad a la humanidad.
Si te pones en mi punto de vista, San Valentín sería más feliz incluso si fuera sangriento. Creí que era algo muy estúpido y muy mío, hasta que en una clase de Literatura Española Medieval me encontré con lo siguiente (te lo pongo en castellano actual para ahorrarte trabajo):
Dos ánades, madre,
que van por aquí
me apenan a mí.
Dos ánades, madre,
de cuerpo gentil
al campo de flores
iban a dormir.
Me apenan a mí.
Explicación lógica: la chica siente envidia, dolor o sufrimiento por ver a una pareja de pájaros, sabiendo que ella está sola. Lo que es, correcto, desamor. Lo que es, correcto, lo que sentía. Lo que nos lleva a, correcto, que odiara San Valentín. Lo que, correcto, está escrito en pasado, pero sigo disgustada con San Valentín. Aunque el motivo, afortunadamente, gracias a los dioses, gracias a Fir, gracias a ella, haya cambiado.
Pero claro, ahora, además del recuerdo que duele, está el por qué solo debes demostrar tu amor ese día. Porque ya no puedo aguantar para entregar en determinada fecha regalos que puede que le saquen un brillo especial en los ojos. No puedo esperar para demostrar emociones y sensaciones, no puedo esperar para escribir determinadas palabras, no puedo esperar para hacer a alguien un poco más feliz. No puedo dejarme arrastrar para la sociedad y programarme para que ese día mi alma esté desbordante de amor, porque digo yo que sentiré lo que quiera cuando quiera.

Alguien te entregará la luz necesaria
Y, otra cosa. Esperar cosas que no llegan es horrible. Esperar simplemente, tranquilamente, y que las cosas aparezcan cuando no las esperas es mucho más especial. Que te den una rosa en San Valentín puede estar bien. Que se acuerden de ti en cualquier otro momento del año y te lo hagan saber es más reconfortante. Tal vez en San Valentín no necesitas muestras de amor. Tal vez las necesitas en las noches oscuras, en los días difíciles, en las brumas, en la tormenta. Tal vez necesitas que alguien te entregue un poco de fuego para el frío. Y, si esperas pacientemente, llegarán las personas que puede iluminar tu vida con una frase, o salvar tu corazón con una mirada. Gracias a los dioses que existen. Gracias a ella.

2 comentarios:

  1. Que poco me gusta también San Valentin, es un día comercial ...
    me encanta como escribes, con tu permiso me quedo y te sigo.

    xx
    http://www.thetrendysurfer.com/

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    1. ¡Gracias, eres bienvenido!
      Ya he visto que tienes una página de moda muy trabajada, sigue así ;)

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